hace algunas semanas llevamos a cabo el concurso "Oaxaca, Leyenda Urbana", que consistía en escribir una historia, real o ficticia, que aconteciera en la ciudad. El ganador fue el profesor Miguel Barragán Bustamante con el cuento corto "Los Olvidados". Aquí se los compartimos y dentro de muy poco este texto será dramatizado por un reconocido actor oaxaqueño. Felicidades al ganador.
LOS OLVIDADOS
Seguramente tu le has visto caminar por esta ciudad que guarda los recuerdos de lo que somos, seguramente lo has encontrado en tu caminar sobre la banqueta y más de una vez le has evitado con esos pasos que no disimulan el miedo infantil que todos guardamos, pero no tiene razón de ser, hasta donde sé, no es agresivo, nunca ha golpeado a nadie, solo camina descalzo por la ciudad, buscando, o al menos eso me parece que hace. Si, te hablo de él, ese hombre delgado vestido con camisa mal abotonada y abierta en el pecho, camisa que recuerda que alguna vez fue azul y un pantalón manchado por un poco de la suciedad que todos dejamos al caminar por la ciudad, pantalón que perdió la memoria sobre los colores, mejor para él, porque añorar es morir sin darse cuenta. Estoy seguro de que lo has visto, su pelo entrecano hace juego perfecto con su barba que habla de un posible origen.
Sé que más de una vez le viste, pero no le pusiste atención, como lo hice yo una mañana de abril, una mañana que no tenía otra cosa que hacer que mirar la ciudad, así fue que se hizo visible, le seguí por un tiempo y pude darme cuenta de esa extraña actitud que tiene: se detiene a tocar todo lo que puede, lo vi tocar un letrero de no estacionarse en el estacionamiento de independencia frente a la Alameda. Lo toco minuciosamente como si estuviera ciego, como si buscará algo escondido, después de darse por vencido habló para si mismo, me acerque para oir, pero estaba dispuesto a no ser oído y se fue, lo seguí, allá por la soledad, se detuvo a tocar una banca, igual parece que busca algo, estaba intrigado, necesitaba saber el motivo de su comportamiento, pregunte a una vendedora de dulces, ¡está loco!, me aseguro, es difícil de resistirse a esa idea, casi me convenció y pensé en abandonar aquella persecución de lo extraño, pero al verlo sentado hablando con las palomas me recordó de otros hombres que la historia registra lo hacían, empecé a idear una forma de saber la razón de aquel comportamiento, me acerque decidido a preguntarle su nombre y cuando lo hice me respondió: Javier. Antes de que pudiera hacer otra pregunta se dio la vuelta y se fue, lo seguí hasta el jardín madero, ahí se repitió la escena de la búsqueda, ahora con un bote de basura. Fue ahí cuando un indigente se me acercó para pedirme una moneda, aproveche para preguntarle por qué razón Jaime actuaba de esa manera y me explicó lo siguiente:
No se llama Jaime, cambia de nombre cada vez que puede tocar a alguien en la noche, supongo que vio mi cara de pregunta porque enseguida explico: dicen que vino del mundo de los olvidados, no sabe cómo llegó hasta aquí, pero se quiere ir, quiere regresar al olvido, yo piensa que pa’ qué, si aquí de todas formas está olvidado, pero se quiere ir por eso toca todo, piensa que en alguna parte esta la salida de este mundo, no le gusta estar aquí, pero no vaya a dejar que lo toque, hiba a formular la pregunta pero aquel señor parecía tener la respuesta para todo y agrego: cuentan que cuando toca a otra persona, se apodera de su nombre y el desdichado que fue tocado es olvidado por todos, desaparece. Pobrecito del tal Jaime seguro alguien lo busca y ya esta en el olvido, quizá algún día se vaya, porque debe usted saber que el lugar por donde se puede ir al olvido es por la fuentes, dicen que apareció de ahí, aléjese usted de ellas, el agua no es buena para recordar.
Con aquella extraña explicación lo seguí durante toda la tarde y por la noche se fue por los arquitos de pronto lo perdí de vista, cuando me resigne, me di la vuelta y ahí estaba frente a mí, camine hacia atrás tratando de evadirlo y cuando no pude caminar más porque sentí a la altura de mis corvas, la orilla de la fuente, me abrazo.
Dicen que ahora se hace llamar Miguel y de mi nadie se acuerda en esta ciudad en la que parezco un extraño más.

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